.:Olas de Sangre:.

Síntesis, reseña y crítica de crímenes selectos, sucedidos en Veracruz, México

Insomnio (fragmento)

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Insomnio (fragmento)
Por Fernanda Melchor

La señora Rita soñó, la noche de la balacera, que caminaba por un jardín inmenso. Se había quitado los zapatos por temor a estropear el césped, que lucía histéricamente corto y verde como el de un campo de golf. La yerba parecía gemir y quejase bajo el peso de su regordeta figura, así que doña Rita  comenzó a caminar de puntillas, y luego, no supo cómo, se encontró completamente desnuda. En el sueño, la señora Rita pensaba que era una hora muy inapropiada para que una dama se paseara sola en la oscura campiña, y además encuerada, y decidió buscar el camino que la llevara de vuelta a la ciudad, cuyas luces chisporroteaban en el horizonte.

*

La señora Rita recuerda que, durante el sueño, no sintió verdadero miedo sino hasta que una aeronave -un platillo volador con todo y cúpula redonda, luces de colores y metal ardiente- se posó de pronto por encima de su persona y comenzó a ronronear como un motor hecho de carne.
La señora Rita despertó en ese momento, pero el ruido no cesó. Su esposo acababa de levantarse de la cama y abría la puerta del cuarto. Doña Rita le gritó que no saliera pero era tal estruendo que don Manolo no alcanzó a escucharla; ella lo siguió con las piernas tambaleantes. Parecía que un avión caería sobre la casa, a juzgar por el clamor. Doña Rita no estaba del todo segura de haber despertado del sueño, y corrió al cuarto de Paulito para asegurarse de que no lo habían secuestrado los extraterrestres.
Su hijo ya estaba de pie cuando la señora Rita entró a la habitación. Paulo creía que sólo eran cohetes –alguna broma de sus compañeros de la universidad- pero apartó a su vociferante madre de un empujón cuando vio, desde el pasillo, a su padre inmóvil junto al ventanal, con la espalda contra la pared, como si se escondiera alguien. Ya para entonces también se escuchaban gritos en la calle, y las llantas de un vehículo que derrapaban sobre el asfalto, y un retumbar de pasos calzados en botas sobre la banqueta.
Desde el ventanal, don Manolo les gritó que se arrojaran el suelo.

*

La señora Rita no supo cuánto tiempo pasaron así, inmóviles sobre el piso, ella con la nariz de Nené, el pequinés de la familia, pegada a su cuello. Luego el tiroteo cesó y don Manolo pudo asomarse y dijo que veía soldados apostados en cuclillas junto a su auto, con sus G3 A3 apuntando hacia el final de la calle.

(…)

 

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Written by F. Melchor

julio 24, 2010 a 6:36 am

2 comentarios

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  1. qué triste, qué cerca

    Ana

    septiembre 3, 2010 at 3:19 am

  2. Que barbara Fernanda, nada más nos picas….

    Tu Fan

    febrero 22, 2013 at 6:02 pm


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