.:Olas de Sangre:.

Síntesis, reseña y crítica de crímenes selectos, sucedidos en Veracruz, México

Archive for septiembre 2008

El OVNI, la playa y los muertos (fragmento)

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Encuentra esta crónica completa en el libro “Aquí no es Miami”, a publicarse en marzo de 2013 por la editorial El Salario del Miedo.

 

A principios de la década de los noventa, Playa del Muerto era apenas una franja de arena grisácea, ubicada en la cabecera de Boca del Río, municipio gemelo de Veracruz. Sobre sus dunas ardientes crecían matorrales llenos de espinas; los cangrejos burbujeaban por decenas detrás de sus trincheras, alimentándose de cochinillas y peces moribundos. Durante la pleamar, la superficie de la playa quedaba reducida a unas cuantas piedras apostadas a la orilla del boulevard Ávila Camacho, la única carretera que comunicaba ambos asentamientos.  

Playa del Muerto; o más bien, de los muertos. Decenas de valientes, chilangos o locales, hallaron la muerte en sus aguas traicioneras. “Prohibido nadar” decían los carteles; “Peligro Ay Posas”, podía leerse debajo de una burda calavera. La misma resaca que empujaba el caudal de la ría hacia la punta de Antón Lizardo removía la arena del fondo y sembraba minas, fosas con brazos de espuma y algas que tiraban del cuerpo de los incautos bajo las olas, exprimiéndoles hasta el último aliento.

Yo tenía nueve años cuando vi las luces, aquel remolino de cocuyos arañando el lienzo fusco de la playa.  El otro testigo fue Julio, mi hermano, a quien le faltaban seis meses para cumplir los siete.  Destruíamos el hogar de una jaiba celeste, hurgando en la arena con un palo, cuando un breve resplandor nos hizo mirar hacia el cielo. Cinco bolas de fuego  surcaron la noche por encima de nuestras cabezas; flotaron un instante sobre el mar y huyeron, dejando tras de sí un reguero de chispas sobre las aguas del estuario.

¿Vistes?- inquirió Julio, apuntando al horizonte. Tenía la boca tan abierta que podía ver las tachas negras que dejaba la caries en sus molares.

– Claro que sí- Rodé mis ojos bajo los párpados- ¿Crees que estoy ciega?

– Pero, ¿qué es? 

Es una nave extraterrestre- susurré, imitando la voz de la abuela cuando contaba historias de ánimas, de hombres sin cabeza que vagaban por las calles de puerto, o de chaneques.

Julio aulló y corrió hacia el campamento. Yo lo seguí de cerca, mirando por detrás de mi espalda. Me temblaban las piernas. ¿Qué tal si las luces aquellas volvían y disparaban sobre mi uno de esos rayos paralizantes? ¿Qué tal si me raptaban?

Ninguno de los adultos de la fiesta nos creyó. Ni siquiera nuestros padres. Alejados de la fogata y del resto de la gente, discutían tan ardientemente que no pudieron ni escucharnos.

 

El OVNI

Nadie recordaba la guerra del desierto, aquel jueves 11 de julio; mucho menos los escombros del muro de Berlín. Muy lejos estaban la lumbre y la metralla que partían Europa del Este hasta volverla un racimo de llagas. ¿El Sendero Luminoso atacaba de nuevo? ¿Los campesinos morían de tifoidea y dengue al sur del país? Nada de eso resultaba importante: los ojos de México estaban fijos en el firmamento, esperando el milagro que adelgazaría la luz hasta convertir al sol en un aro de fuego, oculto detrás de la luna y su mácula. Los noticieros saturaban las pantallas con imágenes del cielo y tomas abiertas de la multitud llenando los patios, sentados sobre el pasto, sobre los camellones y las azoteas, de pie sobre la arena que contiene el Pacífico o sobre los barcos, mirando el astro a través de telescopios de cartón y papel de cera.

Desde la ventana de un edificio, al sur del Periférico, Guillermo Arreguín registraba el crepúsculo forzado con su cámara VHS. No apuntaba la lente hacia el sol sino al horizonte. Había escuchado que, al teñirse de negro, el cielo se llenaba de planetas. Cuando la luna mostró su forma y el firmamento ganó colores y estrellas, las farolas de las calles se encendieron. El astrónomo aficionado giró entonces su cámara hacia la derecha y se topó con un “objeto brillante” flotando en medio del cielo.

Un fragmento del video de Arreguín fue transmitido, esa misma noche, durante el noticiero “24 Horas”. Para el sábado 13, en un artículo de “La Prensa”, se hablaba ya de “un objeto sólido”, “metálico”, rodeado de “anillos de plata”. Pero la palabra “extraterrestre” no haría su triunfante aparición antes del viernes 19, en una emisión del programa “Y usted… ¿qué opina?” dedicada a debatir la supuesta presencia de alienígenas en la Tierra (y con una duración récord de 11 horas y diez minutos, en vivo). En ella, un periodista de apellido Maussán afirmó haber recolectado 15 grabaciones adicionales, todas  realizadas por personas distintas, el mismo día del eclipse. Aseguraba que los videos habían sido sometidos a pruebas que demostraban que el “objeto” en ellos registrado era, en efecto, una “nave”.

Este fue el principio de la oleada. Para entonces, yo era experta en el tema de los OVNIS, las abducciones extraterrestres y los complots gubernamentales. Había extraído gran parte de mi acervo principalmente de dos fuentes: de la tele y de los kilos de tiras cómicas que devoraba cada semana. Prácticamente pasaba las tardes echada sobre el vientre, mis ojos brincando de la pantalla de la caja idiota a las coloridas páginas de los tebeos. 

Mi revista favorita era el “Semanario de lo Insólito”, devocionario de la deformidad humana, antología de la obesidad mórbida, las historias de espanto y fotos trucadas. Aún ahora recuerdo con nostalgia algunas imágines entrañables: la mantarraya antropófaga de las islas Fidgi; la mujer serpiente y su lengua silbante; la sombra de Judas colgando de la horca dentro de uno de los ojos de la Virgen de Guadalupe; y, claro, la autopsia de un cadáver extraterrestre realizada en el pueblo gringo de Roswell.

Gracias a estas edificantes lecturas había podido comprender, a la tierna edad de nueve años, que la extraña luz que había visto en Playa del Muerto en compañía de mi hermano no podía ser otra cosa que una nave interplanetaria, tripulada por pequeños pero sapientísimos seres que habían logrado desafiar las leyes de la materia. Posiblemente venían a advertirnos sobre algún próximo cataclismo que destruiría la tierra, ahora que el fin del milenio estaba a la vuelta y la gente seguía enfrascada en guerras estúpidas que contaminaban el ambiente. Quizás buscaban a una persona que pudiera comprenderlos, alguien a quién legarle su ciencia y sus secretos. Quizás se sentían solos, deambulando por el cosmos en sus naves de plasma y de silicio, buscando, siempre buscando un planeta más amable, otros mundos, otros hogares, nuevos amigos en galaxias distantes.

 (…)

 

 

Written by F. Melchor

septiembre 10, 2008 at 8:46 pm

Urge desarrollar programas para rehabilitar maltratadores

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Los doctores Michael Akong y Christauria Welland, durante su visita al IMEFO de la UV.

Los doctores Michael Akong y Christauria Welland, durante su visita al IMEFO de la UV.

 

·      Expertos de la Universidad de San Diego visitan el Instituto de Medicina Forense

·       Los doctores Christauria Welland y Michael Akong se integran al proyecto de investigación sobre violencia familiar de la UV.

 

Boca del Río, Ver.- Para disminuir los índices de violencia y maltrato familiar en la sociedad mexicana no sólo es necesario atender a las víctimas sino también rehabilitar a los victimarios, afirmó la investigadora de la Universidad de San Diego, Christauria Welland, durante la reciente visita que realizó a las instalaciones del Instituto de Medicina Forense (IMEFO) de la Universidad Veracruzana (UV), como parte del constante flujo de expertos internacionales que participan en el proyecto de prevención del maltrato desarrollado por el IMEFO.

“Si no cambia el agresor, la familia jamás saldrá de la dinámica de la violencia”, explicó la psicóloga. “La mayor parte de los hombres y mujeres maltratadores fueron, de pequeños, víctimas de la violencia familiar en sus hogares; ellos necesitan recibir terapia para desaprender estos patrones agresivos y hallar métodos para respetar y resolver los problemas sin lastimar a sus seres queridos y perpetuar esta situación”, explicó Welland.

Creadora del programa piloto de rehabilitación de agresores “Sin golpes” aplicado por las cortes penales para el tratamiento de agresores de origen mexicano en Estados Unidos, Welland lleva más de 32 años a familias de migrantes en California. Su tesis doctoral versó sobre la incidencia del maltrato familiar en esta población, especializándose en el estudio de la demografía y el perfil de los agresores. Asimismo, es autora del libro “Healing from violence. Latino men’s journey to a new masculinity” y, apoyada por diversas organizaciones no lucrativas, realiza una importante labor de prevención, impartiendo talleres en los que enseña a las parejas a resolver los problemas familiares sin hacer uso de la agresión.

Visión holística.- Por su parte, el investigador de la Universidad de San Diego, Michael Akong, compartió algunas de las experiencias que ha tenido durante el desarrollo de  su práctica médica con la aplicación de la terapia acupunturista en pacientes con historia de dolor crónico, migraña y parálisis. “He hallado que, con la acupuntura, el 90 por ciento de estos pacientes muestran un alivio significativo, en muchos casos total, del dolor que las aqueja, y sin los efectos secundarios que producen los analgésicos fuertes”, afirmó el experto de origen canadiense.

Egresado de la Universidad de San Diego, especialista en Salud Pública e investigador de la compañía Merk en el campo de la bioquímica, la biotecnología y el desarrollo de medicamentos, Akong afirma que el estudio de la acupuntura no contradice su formación científica, sino que la complementa. “Descubrí la acupuntura a través de un amigo y encontré que su enfoque era mucho más comprensivo que la medicina occidental, mucho más humanístico”, señaló.

Explicó que, para la medicina tradicional, el cuerpo enfermo es como una máquina descompuesta cuyas partes “disfuncionales” deben ser arregladas o sustituidas, mientras que los sistemas médicos orientales, entre ellos la acupuntura, atienden las necesidades del hombre desde los enfoques físico, mental y espiritual. “Mucho del sufrimiento físico de las personas proviene de la mente, de lo emocional, y no puedes simplemente darle una pastilla al paciente y esperar que todo se cure, también hay que trabajar con las otras áreas, de manera holística, y en mi práctica diaria he comprobado que la acupuntura es método integral”, afirmó.

Durante su visita al IMF de la UV, el Dr. Michael Akong anunció que participará en el Congreso internacional de Criminología que se efectuará en el IMF de la UV los días 11 y 12 de septiembre, impartiendo un taller sobre la práctica de la medicina alternativa para el tratamiento de la agresión y la toxicomanía.

 

Texto y foto: Fernanda Melchor

 

Written by F. Melchor

septiembre 5, 2008 at 3:25 pm

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