.:Olas de Sangre:.

Síntesis, reseña y crítica de crímenes selectos, sucedidos en Veracruz, México

Archive for octubre 2007

Quince minutos

with one comment

Esta mujer sólo tiene quince minutos de vida

Metástasis

(Tomado del Periódico SUR de Veracruz , el martes 17 de septiembre de 2002, Sección Policía, p. 29) 

Ninguno de los paramédicos supo su nombre. No quedó registrado, no se le pudo atender. Ahí, en un colchón de hulespuma a mitad del patio, yacía inmóvil en los puros huesos, sin hablar ya, sin comer desde hacía una semana, rodeada de mujeres con los ojos rojos y un par de hombres con sombrero de palma que tampoco podían dejar de mirar, impotentes, como se le iba la vida en cortos y chirriantes suspiros.

– Apenas son perceptibles sus latidos- dijo Sonia Pinto, paramédico de la Cruz Roja, al poner el estetoscopio sobre el pecho hundido de la mujer.

Pero no mencionó la frialdad de aquel cuerpo, no dijo nada sobre los pies y manos amoratados, sobre el aliento que recordaba ese aroma dulzón y molesto al que Sonia apenas se acostumbraba: el olor de lo “catorces”, de los cuerpos sin vida, de los muertos.  Miró al comandante Guillermo Palacios, que revisaba los papeles que el Seguro Social había entregado a la familia. No había nada qu hacer.

– Nos la dieron de alta esta semana, y desde entonces la tenemos aquí-, dijo una de las hermanas.

Palacios revisaba una y otra vez los papeles. Cáncer terminal. Metástasis. Desahucio. Ninguna esperanza. No resistiría ni el viaje en la ambulancia devuelta al hospital. Ni siquiera tenía caso que los paramédicos regresaran a la base por el oxígeno húmedo que la enferma necesitaba, pues no le calculaban ni quince minutos de vida.

Y así, sin mencionar jamás la palabras  “velorio” o “muerte”, Palacio sugirió a los familiares que se fueran preparando para realizar los trámites correspondientes ante el Seguro, “para agilizar las cosas y que le cueste menos”. No había nada más que hacer.

Permanecieron en silencio, los paramédicos de pie, los parientes formando un círculo en torno al colchón en donde ella reposaba. Fuera del susurro del viento al mecer las hojas de un árbol de mango y del crujir de las fritangas en la boca de una niña, nadie hacía ruido, nada se movía.

Texto: Fernanda Melchor

Written by F. Melchor

octubre 23, 2007 at 1:03 am

Publicado en desahucio