.:Olas de Sangre:.

Síntesis, reseña y crítica de crímenes selectos, sucedidos en Veracruz, México

Final abierto

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Él esta condenado a morir por amar demasiado.

Si quisieras ahora venir y acabar de una vez con mi vida,

Te lo pido, blanca mujer, que me lleves a tu eterna guarida.

Tengo tantas ganas de tí, pero no puedo llevarte ahora

Te toca todavía vivir… porque aún no te ha llegado la hora.

– Robi Draco Rosa, “Vagabundo”.

La tensión en la sala era agobiante. Los empleados de limpieza la habían acondicionado desde horas antes, por lo cual olía a limpiador de pisos mezclado con aromatizante ambiental barato. Como el calor era sofocante afuera, prendieron desde tres horas antes el aire acondicionado, lo cual enfriaba más el ambiente a pocos minutos de un gélido encuentro.

En un extremo de la mesa, Gloria miraba tres mensajes de texto en su celular. Todos le recordaban que tendría que volver a trabajar pronto.

El crimen no espera. Ella era una psicóloga criminal destacada con una experiencia asombrosa. En su larga carrera había tratado con matones, violadores de niñas, parricidas, homicidas, pederastas, narcosatánicos, suicidas frustrados, adictos y sidosos que contagiaron malsanamente a un gran número de personas.

Toda su experiencia en psicología criminal le enseñó que siempre había que estar un paso arriba de la persona que recibe la terapia. Hasta ese momento, nada de lo que había visto la había doblegado, ni siquiera el caso de aquella reina de carnaval que descuartizó a sus hijos y los puso dentro de las macetas de la entrada de su casa, desesperada porque había perdido a su marido.

Sin embargo, ni siquiera su amplia experiencia como profesional podría con lo que estaba a punto de cruzar la puerta.

Juan Manuel entró al cuarto. Vestía zapatos sin agujetas, playera y pantalón blanco. Tenía la mirada cansada, agobiada, llena de enojo y resentimiento acumulados. Su expresión corporal pasivo-agresiva mostraba a una persona a punto de estallar, pero sin energías para hacerlo.

Él llevaba dos semanas sin probar ningún tipo de estupefaciente. Su cuerpo mostraba los estragos causados por un síndrome de abstinencia, mezclado con una alimentación deficiente y un abatimiento del autoestima que secretamente practican los centros de rehabilitación como ‘terapia’.

Se sentó en la silla al otro lado de la mesa, a tres metros de Gloria.

– Hola-, dijo el joven en tono cortante.

– Se ve que no has comido nada, ¿así piensas recuperarte?-, le increpó.

El joven calló. Se mordía un labio. Gloria recuperó el tono de voz terapéutico con el que solía hablarles a sus pacientes.

– Nunca podrás recuperarte si sigues así. Me preocupa que nunca hagas caso, porque estoy invirtiendo en ti. Yo creo en ti.

Los dientes de Juan Manuel rozaban uno con el otro. Mientras oía esas palabras, un dolor punzante le llegó de la costilla derecha. El analgésico que le habían dado los doctores para que no le doliera la golpiza que le propinaron dos ‘terapeutas’ un día antes, había dejado de surtir efecto.

La mujer alzó la voz, pensando que el joven la ignoraba.

– ¿No vas a decir nada? ¿Es así como me pagas? ¿Siquiera me extrañas?

Juan Manuel volteó a ver a Gloria. La palabra ‘extrañar’, aunada al cansancio, la depresión y la golpiza del día anterior, hicieron catarsis. Su mano se hizo un puño cerrado, tenso. Recordó que nunca la extrañó porque nunca estuvo ahí. Siempre mostró más interés por hacer dinero.

– ¡Cállate! No me hables de eso. Tú nunca estuviste conmigo, porque si te hubiera interesado lo que me pasaba yo no estaría aquí, además…

– No digas pendejadas- le respondió Gloria-. No sé cuanto dinero dejé que te gastaras en tu vicio, ¿encima me reprochas que trate de ayudarte? Eres de lo peor, no cabe duda.

– Gracias por el cariño, mamá -respondió Juan Manuel, en tono sarcástico.

Ella era demasiado orgullosa como para aceptar una responsabilidad así. Ella, la aplicadora de la justicia, la mediadora entre el mundo de los que violan la ley y la respetan. Quien debe descifrar porqué la gente se vuelve adicta al dolor, a las drogas, a la muerte. Había entregado ya su vida a su carrera. Era reconocida. Era admirada por sus colegas. No podía perdonar tan fácilmente que su único hijo se hubiera dejado caer tan bajo. Durante mucho tiempo, lo hizo enfrente de sus narices.

Coleccionaba pastillitas de diversos colores y le cambió a su mamá la ubicación del cuarto al balcón frontal “porque así podía tomar aire fresco”, cuando en realidad era para salir a drogarse sin que ella se diera cuenta. Incluso repartía dosis de mota y coca cuando compraba mucha y le sobraba. No las vendía, pero siempre dijo que era mejor regalarlas que dejar que se echaran a perder.

Conoció mucha gente malandra. También anduvo metido en viajes con sustancias con denominaciones químicas. Un día, apareció solo en una playa, kilómetros lejos de su casa. Estaba desnudo, golpeado y sin dinero.

Sin embargo, siempre tenía un argumento para justificar su conducta. Una excusa que no fuera muy comprometedora, pero que permitiera ocultarle el estupor que le causaban las drogas. Eso y su conocida afición por las fiestas lo rodeó de mucha gente, aunque la mayoría de sus ‘amigos’ desconocían que estaba ahí internado. Pensaban que se había quedado en alguna fiesta larga, en un ambiente sicalíptico y música electrónica monocorde de larga duración.

En realidad, nadie lo extrañaba.

– Creo que eres muy ingrato. Yo he trabajado por ti, por mí, por los dos. Traté de darte una vida digna, que estudiaras en una buena escuela. Incluso te apoyé cuando me dijiste que no querías trabajar ¿Por qué pagarme de esta manera? ¿Crees que me siento orgullosa, que me gusta venir a verte aquí? He conocido gente encerrada en el penal de Allende con más calidad moral que tú-, respondió la madre en tono molesto por no ver signos de mejoría en su hijo.

¿Ingrato? ¿¡INGRATO!? ¡Tú eres una ingrata conmigo! Si supieras cómo me han tratado aquí. Me han partido la madre. Me dieron en la madre, tengo frío y no como bien… Me metieron una putiza, mamá.

– ¡Eso lo dices porque quieres salir de aquí a drogarte! ¡No voy a permitir que hagas eso! Con el dinero que estoy gastando para que te recuperes, para que dejes tu enfermedad, para que te cures, yo…

-¡Coño, mamá! ¿Ves cómo no escuchas? Siempre ha sido así, tu parte y nada más que…

-¡Ahora te callas! ¡NO ME VAS A FALTAR EL RESPETO ASÍ, hijo de la chingada!… ¿Es lo que quieres? ¡Anda, sé libre! ¡Eres libre de ir a drogarte! Ve y métete lo que quieras, ya te veré cuando te metan a la cárcel y espero que en ese momento, cuando me vuelvas a ver, te arrepientas de lo que dejaste ir. ¡ANDA, SALTE A LA CHINGADA DE AQUÍ! ¿QUERÍAS QUE TE HABLARA COMO UN CRIMINAL? ¡Ahí está! Hasta esto hemos llegado… No puedo soportarte más, nunca entiendes que yo te trato de hacer bien…” -, vociferó la madre con una enconada rabia, inusual en su comportamiento.

– Vete al diablo-, respondió el joven, frustrado por no obtener entendimiento de su madre una vez más en su vida.

De repente, los ojos de Gloria, a punto de llorar, se dilataron. Cayó al suelo, fulminada por un ataque cardiaco. Juan Manuel miró la escena y primero, dentro de su enojo por no comunicarse con ella, le dijo que dejara de actuar. Cuando se dio cuenta de que su mamá no estaba actuando, era demasiado tarde.

Al día siguiente, Juan Manuel abandonó el centro de rehabilitación. Quienes lo conocieron alguna vez cuentan que existen dos versiones sobre lo que le pasó al día siguiente del entierro de su madre, ambas difíciles de confirmar.

La primera apunta a que el joven, desesperado y deprimido, se mudó a la Ciudad de México, donde aprendió a cristalear automóviles para ganar dinero, mientras se volvió adicto de tiempo completo al thinner y el activo.

Otra versión apunta a que se fue para el norte, a buscar dinero y empezar una nueva vida, dejando atrás la que dejó en la ciudad que lo vio perderse y la vida que terminó el día que su madre murió.

Algún amigo de un amigo de Juan Manuel, parroquiano habitual en sus antiguas fiestas electro-drogadictas, afirma haberlo visto un día en la terminal de autobuses, aunque él no lo saludó, lo cual sustenta cualquiera de las dos teorías sobre su paradero.

 De todas formas, nadie lo extrañó. Texto: Sesiom Semenij

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Written by F. Melchor

febrero 7, 2007 a 1:03 am

Publicado en rumores

Una respuesta

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  1. I agreed with you

    duttfleeft

    agosto 2, 2008 at 10:44 pm


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